42 horas, 9 minutos y 24 segundos. Esa ha sido la duración de mi partida de Horizon: Zero Dawn.

Si mi PS4 y mi cabeza lo permitiesen, las hubiera jugado de seguido sin ninguna duda, pues la ocasión lo merece.

Estamos ante uno de esos juegos de los que llamamos ‘indispensables’, de esos que se sacan una vez al año como mucho, o cada dos.

Es difícil de transmitir con palabras, lo que un juego así es capaz de transmitirle a uno, es mejor comprobarlo cada uno por su cuenta.

Quizá el único ‘pero’ de este juego, es el contenido de su historia, pero te la cuentan de tal forma, que te hace el global de la misma una auténtica maravilla.

Una de las misiones que me dejó marcado, fue una en la que no se hacía relativamente nada; escalabas hasta lo más alto de un edificio en ruinas, mientras recopilabas información en forma de hologramas, audios y textos en la que descubrías como el mundo se iba a la mierda literalmente y el por qué de ello. La inmersión en lo que te están contado es tal, que llega un momento que piensas en si algún día puede ocurrir en la vida real, o de tener la sensación de que te estuvieran contando algo que ha pasado realmente.

No entraré en más detalles, simplemente decir que es un juego obligatorio para cualquier persona que le guste el mundo del videojuego.

Espero que todos disfrutéis algún día esas 42 horas, 9 minutos y 24 segundos como lo hice yo, de verdad.

 

 

 

 

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